Mucho he leído de la administración del tiempo, tecnología y multitasking. Siendo informático de profesión y con una carrera como coach organizacional, creo necesario desmitificar los conceptos.
Sin catalogarme de ser una persona religiosa, considero que hay profunda sabiduría en ciertos pasajes de los libros sapiensales de distintas religiones, y uno de mis preferidos es en particular ese que parte con “Para todas las cosas hay sazón, y todo lo que se quiere debajo del cielo, tiene su tiempo…” ( La Biblia - Eclesiastes 3). Esto que era tan obvio para los antiguos, sigue siendo cierto hasta nuestros días.
Sin embargo, si miramos algo más profundo, el día de hoy no hay mucho tiempo disponible en términos generales para nada. Lo urgente muchas veces come lo importante.
Es común por éstos días encontramos con una particular molestia, que no sabemos identificar de donde viene y ni mucho menos estamos en condiciones de hacer algo al respecto; invadiendo nuestra predisposición a todo. Las víctimas de esto somos primeramente nosotros mismos, e injustamente, las personas y organizaciones más cercanas: hijos, pareja, familia, amistades, equipo de trabajo, empresa, etc.
Suelo decir, que la vida nos muestra las cosas de dos formas: cariñosamente y a cachetadas. En algún momento esa piedra en el zapato – la molestia que invade nuestra vida -, empieza a molestar lo suficiente como para hacernos cargo. Si no le hacemos caso (o no sabemos siquiera que está allí), llegará el momento en que “la vida” nos apurará de otras maneras para tomar conciencia y, hacer algo al respecto. Éste último caso, suele ser el más doloroso en todo aspecto: relaciones matrimoniales desechas, equipos de trabajo con mal clima organizacional, relaciones padre-hijo inexistentes, depresiones agudas, sufrimiento e infelicidad.
Suelo decir también a mis clientes, que nosotros los coaches nos encargamos de recordar y hacer consiente lo obvio. ¿Por qué es esto necesario? Entre otras razones, porque no tenemos tiempo de darnos cuenta, y como no tenemos este tiempo, tampoco hemos desarrollado el hábito de hacerlo. Lo más curioso es que la única posesión real a mi juicio que tenemos en la vida, y expresión máxima de libertad, es la capacidad de escoger qué es lo que hacemos con nuestro tiempo. Luego la tarea se simplifica, puede que el problema solo sea de priorizar y ser eficientes en nuestro uso del tiempo.
El problema de la tecnología
Es un hecho que una de las herramientas que nos ha permitido llegar hasta donde estamos es la capacidad de desarrollar y utilizar herramientas tecnológicas para “facilitar” nuestras vidas. Un término que ha sido tomado prestado de las tecnologías de la información y llevado al área de las habilidades humanas, es el “multitasking”, la habilidad/capacidad de realizar dos o más procesos al mismo tiempo; es decir que cuando uno camina –y es consiente que camina- también mastica chicle –y es consiente que lo hace.
Se ha dicho también que hay un recambio generacional que tiene esta habilidad del multitasking adquirida dada la influencia que las tecnologías de la información han tenido en su crecimiento y formación. A esta generación se les ha llamado “Generación Y” (GenY).
Una de las gracias del multitasking en las tecnologías de información es la capacidad también de priorizar y sincronizar los procesos. Sin una sincronización el multitasking pierde propósito y foco.
Esto se ve interesante, pero con el cuidado de no confundir a la herramienta con la persona. Las herramientas y maquinaria están hechas para algo en particular, y hacen eso a la perfección. El ser humano no viene con un propósito preconcebido, ni mucho menos es perfecto para algo en particular.
Los espacios que necesita el ser humano –esa combinación de tiempo, contexto, lugar físico y si se da el caso, personas- muchas veces exigen exclusividad de proceso.
Un espacio para ser íntimos
La molestia que lo invade todo, a la que nos referíamos al principio, tiene que ver con algo tan profundamente injusto para cada uno de nosotros, que no es fácil determinarlo, y particularmente es distinto para cada persona. No obstante lo anterior (el qué) nos es oculto muchas veces, el camino para llegar a una solución – o disolución- es sencillo, lo suficiente para que sea obvia: El encontrar un espacio para nosotros, para nuestra intimidad individual.
Esto es fundamental a la hora de conocernos, sentirnos, irnos reconociendo – sufrimos cambios físicos, emocionales, mentales, espirituales de los que no somos siempre consientes.
¿Qué es lo que define un espacio íntimo de cualquier otro? Pensemos en aquello a lo que asociamos la intimidad, como nuestra relación de pareja. Un espacio íntimo debiera entonces mas menos tener las siguientes características:
• Singletask: permitirse estar presentes. El estar presentes el día de hoy es complejo, ya que vivimos o queremos vivir en el multitasking. Como dice la filosofía oriental: “Simplemente siéntese y tome té”
• Confianza: Este espacio debe ser un espacio, honesto. No es este el tiempo de engañarnos. Esto no siempre es sencillo, aunque nos lo propongamos, ya que a veces nos engañamos sin querer, sobretodo en el ámbito emocional, cuando una emoción encubre otra. Es común escuchar que hay gente que siente pena por las injusticias, o rabia por una pérdida -los fenómenos no se reducen a solo una causa.
• Apertura: Darnos la oportunidad a escucharnos. Muchas veces no nos percatamos que funcionamos en piloto automático, sin darnos cuenta que es lo que nos pasa a nivel emocional y espiritual, ni ver las consecuencias físicas de nuestro hacer. El escucharnos sin vendas en los ojos y el corazón nos ayuda a calibrar la brújula de lo importante. También estar dispuestos a ir donde nadie más ha ido.
Sin duda hay más características que nos gustaría y podríamos agregar a nuestra intimidad, y estamos invitados a hacerlo si estimamos que es conveniente.
Finalmente quiero señalar que nada de esto importa si nos hace sentido y no lo convertimos en un hábito. No se trata de convertirse en un ser 100% introvertido, sino más bien de tomar la agenda (aquella libretita o calendario electrónico que usualmente anotamos todos nuestros que haceres menos “los nuestros”) y anotar un espacio “Tiempo para mi” dentro de un "Tiempo para todo".